Ojo…..
Hay una frase que siempre me ha parecido bastante tramposa:
“Las crisis son oportunidades.”
No necesariamente.
Una crisis también puede quebrarte, hacerte perder un cliente, quemar a tu equipo, sacar lo peor de las personas o llevarte a tomar una pésima decisión porque tienes miedo.
El problema no trae escondida una oportunidad como premio de consolación.
La oportunidad la construyes tú con lo que haces después.
Hace unos días leí una reflexión que partía precisamente de esa idea: Adversity doesn’t create opportunity. Leaders do.Me gustó porque elimina esa visión romántica de que deberíamos agradecer cada madrazo que nos da la vida.
Yo no agradezco todos mis madrazos.
Algunos habría preferido ahorrármelos.
Pero después de más de veinticinco años tomando decisiones, perdiendo clientes, equivocándome, viendo proyectos fracasar y teniendo que regresar al día siguiente a dirigir gente como si supiera perfectamente qué hacer, sí aprendí algo: un mal momento puede convertirse en información extraordinariamente valiosa si sabes qué hacer con él.
Por eso tomé las seis ideas originales y las llevé a diez desde mi propia mirada de Liderazgo Incómodo™.
No son diez maneras de “pensar positivo”.
Son diez cosas que puedes hacer cuando algo ya salió mal y necesitas decidir qué demonios hacer ahora.
1. Agranda la fotografía antes de declarar la tragedia
Cuando algo sale mal tiene una capacidad extraordinaria para ocupar toda la pantalla.
Perdiste al cliente y parece que el negocio se acabó. Fracasó el proyecto y empezamos a cuestionar toda la estrategia. Se fue una persona importante y pensamos que el equipo se va a desmoronar.
El problema se vuelve la historia completa.
Ahí conviene obligarnos a ampliar la fotografía.
Una pregunta que me gusta del texto original es:
“¿Cuándo hemos enfrentado algo parecido antes?”
No para minimizar lo que está ocurriendo, sino para recuperar perspectiva.
¿Qué hicimos entonces? ¿Qué aprendimos? ¿Qué recursos tenemos hoy que no teníamos aquella vez?
Cuando estás dentro del problema es muy fácil sentir que nunca habías vivido algo así.
Muchas veces sí.
Y sobreviviste.
2. Separa el diagnóstico de la sentencia
Esta distinción me parece extraordinaria.
“Perdimos nuestro cliente más importante” puede ser un diagnóstico.
“Estamos jodidos” ya es una sentencia.
“Tuvimos el peor trimestre en tres años” describe una realidad.
“Este negocio ya no tiene futuro” interpreta esa realidad.
Un líder tiene que ser suficientemente adulto para mirar los datos sin maquillarlos, pero también suficientemente cuidadoso para no convertir una fotografía difícil en una profecía.
Yo utilizaría una frase muy sencilla:
“Esto es donde estamos. No necesariamente es donde vamos a terminar.”
No es optimismo.
Es separar realidad de resignación.
3. Pregunta qué rompió el problema que quizá ya estaba roto
Aquí agregaría una primera mirada muy de Liderazgo Incómodo™.
Cuando algo explota, nuestra obsesión natural es repararlo para regresar cuanto antes a la normalidad.
Pero antes preguntaría:
¿De verdad quiero regresar a esa normalidad?
Quizá el cliente que perdimos llevaba dos años diciéndonos que nuestro servicio estaba deteriorándose.
Quizá la renuncia de esa persona solamente reveló que todo dependía demasiado de ella.
Quizá el proyecto fracasó porque teníamos un proceso absurdo que todo mundo conocía, pero nadie se había atrevido a cuestionar.
Las crisis tienen una característica incómoda: hacen visibles problemas que la comodidad nos permitía ignorar.
No desperdicies esa información reconstruyendo exactamente lo mismo.
4. Regresa a lo que realmente importa
Cuando las cosas se complican aparece muchísimo ruido.
Correos, reuniones, opiniones, culpables, presentaciones, rumores y esa maravillosa urgencia corporativa donde absolutamente todo necesita resolverse hoy.
En esos momentos reducir importa más que agregar.
Yo sentaría al equipo y preguntaría:
¿Quién está contando con nosotros?
¿Qué tenemos que proteger sí o sí?
¿Qué podemos dejar caer temporalmente sin comprometer el futuro?
¿Qué no estamos dispuestos a abandonar?
Un problema puede obligarte a recordar qué era realmente importante antes de que llenaras la agenda de cosas que parecían importantes.
5. Cambia el “¿por qué nos pasó?” por “¿qué podemos hacer ahora?”
Preguntar por qué importa. Necesitamos entender causas.
El problema es quedarnos viviendo ahí.
“¿Por qué Ventas no avisó?”
“¿Por qué Finanzas no reaccionó?”
“¿Por qué el cliente hizo esto?”
Podemos pasar semanas investigando el cadáver.
En algún momento liderazgo necesita cambiar la pregunta:
¿Qué está bajo nuestro control ahora?
Después:
¿Qué podemos influir aunque no lo controlemos?
Y finalmente:
¿Cuál es el movimiento más pequeño que podemos hacer esta semana?
Los grandes problemas producen sensación de impotencia. Una pequeña victoria devuelve algo que ningún discurso motivacional consigue: evidencia de que todavía podemos movernos.
6. Busca tu parte antes de buscar al culpable
Esta no suele gustarnos.
Cuando algo sale mal, el cerebro trabaja rapidísimo para proteger nuestra reputación.
“Yo había avisado.”
“Eso era responsabilidad de Operaciones.”
“Mi equipo sí entregó.”
“Yo mandé el correo.”
Perfecto.
Quizá hasta tengas razón.
Pero el líder incómodo se hace otra pregunta:
¿Qué pude haber hecho yo para evitar, anticipar o reducir esto?
No significa cargar culpas que no te corresponden.
Significa buscar tu margen de responsabilidad antes de señalar el ajeno.
Porque encontrar culpables produce alivio.
Encontrar tu parte produce aprendizaje.
7. No rescates demasiado rápido
Esta también la aprendí por las malas.
Cuando algo sale mal y eres bueno resolviendo, aparece el héroe.
Tomas el proyecto.
Hablas con el cliente.
Corriges la presentación.
Rehaces el Excel.
Y en 48 horas salvaste el día.
Felicidades.
También acabas de enseñarle a tu equipo que cuando las cosas se ponen realmente difíciles, Mario aparece y lo arregla.
Un problema puede ser una oportunidad extraordinaria para desarrollar criterio en otras personas, siempre que resistas la tentación de quitarles el volante.
Antes de resolver pregunta:
“¿Qué harías tú?”
Después:
“¿Qué necesitas de mí para hacerlo?”
Acompaña. Pero no robes el aprendizaje.
8. Abre el problema antes de encerrarte con él
Otra de las ideas del texto original me parece especialmente importante: el aislamiento multiplica los problemas.
Existe una especie de orgullo directivo que nos hace pensar que cuando algo grave ocurre tenemos que encerrarnos a encontrar la respuesta.
A veces necesitamos exactamente lo contrario.
Pregúntale al que está más cerca del cliente.
Invita al que normalmente no participa.
Habla con alguien que vea el problema desde otra área.
Pide ayuda.
Y, sobre todo, deja de pensar en mi mejor solución para empezar a buscar nuestra mejor solución.
Liderar no significa ser la persona más inteligente del cuarto.
A veces significa construir el cuarto correcto.
9. Cuida a la gente mientras arreglas el problema
Cuando hay presión, las personas no dejan de ser personas.
Esto parece obvio hasta que llega la crisis.
Entonces dejamos de preguntar cómo están, cancelamos las 1:1, extendemos horarios, agregamos juntas y empezamos a tratar el cansancio como daño colateral inevitable.
El texto original insiste en algo que comparto: durante la adversidad el líder necesita estar más visible, no menos.
Escucha.
Agradece.
Reconoce el esfuerzo.
Comparte parte del sacrificio.
Y observa particularmente a esa gente que nunca se queja, porque muchas veces son precisamente quienes más están absorbiendo.
No necesitas hacer feliz al equipo mientras todo está ardiendo.
Pero tampoco necesitas quemarlo para apagar el incendio.
10. Obliga al golpe a dejarte algo
Cuando la situación finalmente pase —porque la mayoría pasan— no corras inmediatamente al siguiente problema.
Detente.
Haz una pequeña autopsia.
¿Qué aprendimos que no sabíamos antes?
¿Qué dejamos de hacer gracias a esto?
¿Qué sistema necesitamos cambiar?
¿Qué decisión ahora tomaríamos diferente?
¿Qué capacidad desarrollamos que antes no teníamos?
Esta parte es importante porque sufrir no enseña automáticamente.
Puedes pasar veinte años viviendo problemas y seguir cometiendo exactamente los mismos errores.
La experiencia no es lo que te pasa.
Es lo que eres capaz de construir con lo que te pasó.
La guía que yo guardaría cuando algo sale mal
No necesitas recordar los diez puntos cuando estés metido en el problema.
Guarda estas preguntas:
PERSPECTIVA
¿Esto es toda la historia o solamente lo que hoy ocupa toda mi atención?
REALIDAD
¿Qué sabemos realmente y qué estamos suponiendo?
CONTROL
¿Qué sí podemos mover desde hoy?
RESPONSABILIDAD
¿Qué parte de esto me toca reconocer?
EQUIPO
¿A quién necesito involucrar en lugar de resolverlo solo?
SISTEMA
¿Qué está revelando este problema que antes no queríamos ver?
APRENDIZAJE
¿Qué tiene que cambiar para que este golpe no haya sido gratis?
Con eso tienes suficiente para empezar.
La pregunta incómoda de esta semana
Piensa en el problema que hoy más energía te está quitando.
Puede ser un cliente perdido, una persona complicada, un resultado que no llegó, un error tuyo o simplemente una situación que no salió como esperabas.
Ahora deja de preguntarte durante cinco minutos:
“¿Por qué me está pasando esto?”
Y prueba con otra:
“¿Qué puedo construir a partir de esto que antes no existía?”
No porque todos los problemas sean bendiciones disfrazadas.
No lo son.
Algunos simplemente son una porqueria.
Pero incluso ahí existe una diferencia enorme entre sufrir un problema y liderar a través de él.
Para mí, eso también es Liderazgo Incómodo™.
Porque ser incómodo es el nuevo liderazgo y muchas veces la primera persona que necesitas incomodar cuando las cosas salen mal eres tú mismo: cuestionar tu reacción, reconocer tu parte, dejar de buscar culpables, pedir ayuda y resistirte a reconstruir el mismo sistema que acaba de demostrarte que no funcionaba.
La adversidad no crea automáticamente oportunidades.
Los líderes crean algo con ella.
Si conoces a alguien que hoy está pasando por un momento complicado, compártele esta guía. No para decirle que “todo pasa por algo”, sino para darle preguntas que quizá le ayuden a decidir qué hacer con lo que está pasando.
Y si todavía no eres parte de Liderazgo Incómodo, suscríbete en liderazgoincomodo.com. Cada semana comparto historias, herramientas y Guías de Campo para enfrentar esas situaciones que nadie nos enseñó a manejar cuando nos pusieron a cargo.
Porque nadie nos enseñó a estar a cargo.
Y justamente por eso tenemos que aprender a convertir los golpes en criterio.



