Ojo…..
Estás sentado en una comida con varias personas y de pronto lo notas.
La persona que está frente a ti tiene el cierre abajo.
Y no cualquier persona. Imagina que es alguien importante: tu jefe, un cliente, alguien a quien acabas de conocer y con quien quieres causar una buena impresión.
Ahora tienes un problema que hace treinta segundos no era tuyo.
Puedes no decir nada y dejar que siga caminando por el restaurante con la bragueta abierta.
Puedes avisarle ahí mismo:
—Oye, traes el cierre abajo.
Problema resuelto.
Aunque probablemente acabas de conseguir que diez personas volteen automáticamente hacia el pantalón del pobre hombre.
O puedes hacer algo un poco más inteligente: esperar el momento, acercarte discretamente y decírselo sin convertir su error en espectáculo.
Las tres opciones parten de la misma verdad.
El cierre está abajo.
Lo que cambia es cómo decides comunicarla.
Y justamente ahí está una de las conversaciones que más trabajo nos cuestan en las empresas:
“Decirle a nuestro jefe que está equivocado.”
Porque si alguna vez te ha pasado, sabes perfectamente lo que ocurre dentro de tu cabeza.
Estás en una junta. Tu jefe propone algo y tú ves el problema clarísimo. Quizá conoces mejor al cliente, tienes un dato que él no tiene o simplemente sabes que lo que acaba de pedir no va a funcionar.
Pero antes de abrir la boca aparece la calculadora política.
“¿Se lo digo?”
“¿Cómo se lo va a tomar?”
“¿Y si piensa que lo estoy retando?”
“¿Vale la pena meterme en este problema?”
Y muchas veces escogemos la alternativa aparentemente más segura:
callarnos.
El problema es que callarte también es una decisión.
Es como ver el cierre abajo y pensar:
“No es mi pantalón.”
Técnicamente tienes razón.
Hasta que todos llegan a la presentación, el cliente se da cuenta y entonces resulta que nadie entiende cómo diez personas lo vieron… y ninguna dijo nada.
El problema no es decirle que está equivocado
Durante muchos años confundimos al “buen empleado” con el que obedecía.
El jefe decía.
Nosotros ejecutábamos.
Y si algo salía mal, siempre quedaba aquella maravillosa defensa corporativa:
“Yo hice lo que me pidieron.”
Eso es liderazgo jurásico.
Un líder moderno debería esperar algo bastante más incómodo de su gente: que piense.
Pero también nosotros tenemos que aprender a disentir sin convertir cada diferencia en una lucha de poder.
Porque decirle a tu jefe que está equivocado no significa pararte frente a veinte personas y anunciar:
“Mario, estás mal.”
Igual que no anunciarías en medio del restaurante:
“DIRECTOR, TRAE LA BRAGUETA ABIERTA.”
La verdad no necesita humillación para seguir siendo verdad.
Ese quizá sea el criterio más sencillo que he encontrado para estas conversaciones:
protege su dignidad, pero no lo protejas de la verdad.
Si puedes hablarlo en privado, hazlo.
Si puedes llegar con información en lugar de opinión, mejor.
Y en vez de entrar con “estás equivocado”, abre la conversación:
“Hay algo que estoy viendo diferente y me preocupa que se nos esté escapando.”
Después explica qué ves, por qué importa y qué propondrías hacer distinto.
No estás atacando a la persona.
Estás poniendo un problema sobre la mesa.
Y sí, necesitas valor.
Porque puede incomodarse.
Puede defender su idea.
Incluso puede decidir seguir adelante.
Tu responsabilidad no es conseguir que siempre te haga caso. Tu responsabilidad es que tenga la información que necesita antes de decidir.
Eso cambia completamente la conversación.
Y aquí aparece el verdadero liderazgo
En el PROGRAMA de LIDERAZGO INCÓMODO trabajamos precisamente este tipo de situaciones porque el liderazgo real rara vez falla por desconocer una teoría.
Falla el martes a las 11:30, cuando tienes que decidir si dices algo o te quedas callado.
Cuando tienes que confrontar sin atacar.
Cuando tienes que cuidar una relación sin convertirte en complaciente.
Cuando necesitas tener una conversación incómoda con alguien que, además, tiene más poder que tú.
Porque ser incómodo no significa buscar pleito.
Significa desarrollar el criterio para saber qué decir, cuándo decirlo y cómo sostenerlo.
Y también, cuando tú seas el jefe, construir un equipo donde alguien pueda acercarse y decirte discretamente:
“Mario, creo que aquí estamos equivocados.”
Sin que esa persona tenga que actualizar su CV esa misma tarde.
Pero bueno… siempre queda la Escuela del Liderazgo Jurásico:
“Si el jefe dijo que el cierre va abajo, el cierre va abajo.”
Alineación ante todo. 🦖
PD: Si nadie en tu equipo te ha dicho que estás equivocado en los últimos seis meses, hay dos posibilidades: eres un genio…
o todos ya aprendieron que contigo sale más barato dejarte caminar con el cierre abajo.



