🧠 La Perspectiva Incómoda de la Semana
Hay gente persiguiendo seguidores todos los días mientras otros pueden desaparecer un tiempo… y cuando regresan, el mercado todavía los está esperando.
Por Mario Elsner — Liderazgo Incómodo™
Donde la experiencia se convierte en tu guía.
Hace cinco años, cuando empecé a compartir contenido en redes, una de las cosas que más me incomodaban era la palabra influencer. Yo venía de otro mundo. Había pasado años dirigiendo negocios, tomando decisiones, equivocándome, aprendiendo y cargando con la parte del liderazgo que nunca aparece en las frases bonitas de internet. De pronto parecía que para tener presencia también debía aprender a comportarme como creador de contenido.
Nunca me terminó de cerrar.
No porque tenga nada contra los influencers. Hay personas extraordinariamente buenas construyendo audiencias y convirtiendo esa atención en negocios. Mi problema era otro: yo no quería que alguien me conociera porque había logrado llamar su atención durante treinta segundos. Quería que, cuando alguien pensara en liderazgo, experiencia directiva o en los problemas reales de estar a cargo, hubiera una razón para relacionar mi nombre con esa conversación.
Con el tiempo entendí que estaba buscando otra cosa.
No quería fama. Quería reputación.
Esta semana me encontré tres historias que me hicieron regresar a esa idea. Una hablaba de Coca-Cola volviendo a trabajar con Luis Miguel después de treinta y cinco años. Otra mostraba a Harry Styles caminando tranquilamente por la Ciudad de México con Zoë Kravitz mientras cualquier escena cotidiana alrededor suyo se convertía en contenido viral. La tercera explicaba cómo la personalidad y el rendimiento de Erling Haaland habían provocado tal conversación durante el Mundial que Noruega comenzó a ganar interés incluso en búsquedas de viajes y comercio.
Podrían parecer historias de celebridades.
Yo veo otra cosa.
Veo tres maneras de entender qué ocurre cuando un nombre deja de necesitar presentación.
Luis Miguel no volvió a Coca-Cola por tener seguidores
Coca-Cola cumple cien años en México y decidió recuperar una relación que comenzó en 1991, cuando Luis Miguel protagonizó una de aquellas campañas que quienes tenemos cierta edad todavía podemos recordar sin necesidad de abrir YouTube.
Treinta y cinco años después, lo volvieron a llamar.
Eso me parece muchísimo más interesante que el comercial.
Porque en marketing vivimos obsesionados con lo nuevo. Cada año aparece otra plataforma, otra tendencia, otro formato y otra generación de creadores que promete cambiar para siempre la manera de conectar con el consumidor. Sin embargo, una de las marcas más reconocidas del planeta decidió celebrar un siglo de historia recurriendo a una persona con la que había construido significado décadas atrás.
No estaban contratando solamente alcance.
Estaban recuperando memoria.
Luis Miguel representa algo que difícilmente podría fabricar una campaña desde cero: una relación emocional acumulada durante años con varias generaciones de mexicanos. Para algunas personas recuerda una época. Para otras representa música, éxito o una cierta idea de México. Incluso quienes no consumen su música saben perfectamente quién es.
Eso es lo que ocurre cuando la reputación se vuelve un activo.
No necesitas presentarte cada vez.
El mercado ya tiene una carpeta mental donde colocarte.
Y ahí veo una enorme diferencia con la obsesión actual por construir “marca personal”. Muchos profesionales empiezan preguntándose qué deberían publicar, cuántas veces a la semana, qué formato funciona o cómo crecer seguidores. Son preguntas válidas, pero llegan demasiado pronto.
La primera pregunta debería ser mucho más incómoda: ¿por qué quiero que me recuerden?
Porque puedes publicar durante cinco años y seguir siendo una persona visible sin ocupar ningún espacio claro en la mente de nadie. También puedes construir durante décadas una experiencia tan reconocible que, cuando aparece una oportunidad relacionada con aquello que representas, alguien piensa en ti sin que tengas que levantar la mano.
Para un ejecutivo o un empresario, esa es la verdadera oportunidad. No convertirse en Luis Miguel. Convertir su experiencia en una razón para ser elegido.
Harry Styles salió a caminar. Internet hizo el resto.
La segunda historia casi parece una tontería.
Harry Styles estaba en Ciudad de México para una serie de conciertos y fue visto paseando por la Condesa con Zoë Kravitz. Caminaron, conversaron, comieron y siguieron con su día mientras varias personas los grababan desde lejos. En cuestión de horas las imágenes estaban circulando por todas partes.
Nada extraordinario ocurrió.
Y precisamente por eso me interesó.
Porque cientos de miles de personas caminan todos los días por México y a nadie se le ocurre sacar el teléfono. Harry Styles puede atravesar Reforma, comer tacos o simplemente sentarse en una banca y producir conversación sin haber diseñado ninguna estrategia de contenido alrededor de ese momento.
Sería fácil concluir que eso sucede porque es famoso.
Claro que sí.
Pero me interesa lo que ocurrió antes de la fama instantánea de ese paseo. Durante años construyó una carrera, una estética, una forma de relacionarse con su audiencia y una identidad reconocible. Cuando finalmente aparece caminando por una calle, la escena tiene valor porque la persona ya significa algo para quienes la observan.
“El contenido no creó la relevancia. La relevancia convirtió cualquier momento en contenido.” Mario Elsner - Líder Incómodo
Esa diferencia me parece enorme para los profesionales que hoy sienten presión por estar permanentemente publicando. Veo ejecutivos con veinte o treinta años de experiencia intentando copiar el video de moda porque alguien les dijo que necesitan construir marca personal, cuando probablemente tienen algo muchísimo más valioso guardado en la cabeza: décadas de decisiones, errores, experiencias y aprendizajes que ninguna agencia podría inventar.
El problema no es que les falte contenido.
Les falta convertir experiencia en criterio visible.
Por eso siempre hago esta distinción cuando hablo de reputación. La visibilidad sirve para que sepan que existes. La autoridad aparece cuando lo que compartes demuestra que sabes de qué estás hablando. Y la reputación empieza a consolidarse cuando otra persona está dispuesta a poner su propio nombre detrás del tuyo y decir: “habla con él, sabe de esto”.
Ahí dejamos de hablar de seguidores.
Empezamos a hablar de oportunidades.
Haaland consiguió algo todavía más extraño: que su reputación empezara a mover a Noruega
La tercera historia fue la que terminó de conectar todo.
Durante el Mundial, Erling Haaland se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la conversación mexicana. No solamente por lo que hacía dentro de la cancha, sino por su personalidad, su humor y la manera en que internet lo adoptó hasta convertirlo en una especie de personaje colectivo. Las marcas empezaron a sumarse a la conversación y lo que comenzó como memes terminó produciendo un fenómeno mucho más interesante: creció también la curiosidad por Noruega.
Datos citados por Marketing4eCommerce mostraron un aumento del interés mexicano por viajar al país, hasta colocarlo entre los destinos con mayor crecimiento de búsquedas en ese contexto.
Pensemos un momento en lo extraño que es eso.
Un futbolista juega bien, cae bien, internet lo adopta y, de pronto, personas que quizá nunca habían considerado viajar a Noruega empiezan a preguntarle a una plataforma cómo llegar a Bergen o recorrer los fiordos.
Eso ya no es solamente influencia.
Es reputación derramándose hacia un ecosistema.
Y ahí está la parte que me interesa para quienes hacemos negocios.
Durante mucho tiempo pensamos que nuestra experiencia profesional pertenecía únicamente a la empresa donde trabajábamos. Mientras tenías el cargo, eras director. Mientras estabas en la organización, tenías autoridad. Mientras aparecía el logotipo de una gran compañía detrás de tu nombre, el mercado sabía cómo ubicarte.
Después salías y descubrías una verdad bastante incómoda: buena parte de aquella autoridad era prestada.
Por eso creo que hoy cualquier profesional con experiencia debería comenzar a construir un activo propio. No para abandonar la empresa ni para convertirse en influencer, sino precisamente para aumentar el valor que puede aportar dentro y fuera de ella.
“Cuando construyes reputación, tu experiencia empieza a viajar contigo.” Mario Elsner - Líder Incómodo
Ayuda a la compañía que representas porque genera confianza alrededor de tus decisiones. Ayuda a tus negocios porque reduce la distancia entre desconocimiento y credibilidad. Y eventualmente abre oportunidades que muchas veces ni siquiera estabas buscando: consejos, conferencias, alianzas, clientes, proyectos o conversaciones a las que antes simplemente no tenías acceso.
Eso fue lo que yo empecé a entender cuando decidí compartir mi experiencia en internet. Durante años había acumulado aprendizajes que solamente conocían las personas que habían trabajado conmigo. Publicarlos no cambió lo que sabía. Cambió la cantidad de personas que podían saber que lo sabía.
Y esa diferencia terminó cambiando muchas cosas.
💭 La mentira de la semana
“Para construir reputación tienes que convertirte en influencer.”
Falso.
El influencer necesita atención para sostener su modelo. Un profesional con reputación necesita confianza para sostener el suyo.
A veces ambas cosas coinciden y está perfecto. El problema empieza cuando confundimos una con la otra y profesionales con décadas de experiencia terminan intentando parecerse a personas cuyo negocio depende de entretener audiencias.
Luis Miguel no volvió a Coca-Cola porque aprendió el último formato de TikTok. Harry Styles no convirtió un paseo por la Condesa en noticia porque diseñó un calendario editorial. Haaland no puso a Noruega en la conversación mexicana porque contrató una agencia para posicionarlo como embajador turístico.
En los tres casos había algo construido antes de que apareciera la oportunidad: una identidad reconocible, una historia y suficiente significado acumulado para que su nombre activara una conversación.
Para quienes dirigimos empresas, emprendemos o vivimos de nuestra experiencia, la lección no es buscar fama.
Es dejar de esconder el criterio.
Porque vivimos en un momento extraño. Nunca había sido tan fácil publicar y, justamente por eso, nunca había sido tan fácil parecer igual a todos. La inteligencia artificial puede ayudarte a producir cien piezas de contenido; lo que todavía no puede fabricar son los veinte años que pasaste tomando decisiones, equivocándote, aprendiendo y formando un punto de vista propio.
Ahí está tu verdadero activo.
La Escuela Jurásica nos enseñó que el buen trabajo hablaba por sí solo y que hablar de nuestra experiencia podía parecer ego. La economía de los influencers nos empujó al extremo contrario y nos hizo creer que todo tenía que convertirse en espectáculo.
Yo prefiero una tercera vía.
Construir reputación.
Hacer visible lo que sé sin inventarme un personaje. Compartir experiencia sin convertirme en gurú. Tomar postura sobre aquello que conozco y aceptar que, si quiero participar en conversaciones importantes, primero tengo que dejar una razón para que me inviten a ellas.
Porque si quienes tienen experiencia deciden quedarse callados por miedo a “parecer influencers”, la conversación no se queda vacía.
La ocupan quienes aprendieron a llamar la atención mejor.
Y no necesariamente quienes tienen algo que decir.
Una última incomodidad
Si llevas quince, veinte o treinta años resolviendo problemas importantes y todavía dependes únicamente de tu puesto para que el mercado sepa quién eres, quizá tienes una enorme cantidad de capital profesional que todavía no estás utilizando.
No necesitas publicar todos los días ni convertir tu vida en contenido. Necesitas tener claridad sobre qué experiencia quieres transformar en autoridad, qué conversación puedes enriquecer y qué evidencia vas a construir para que, cuando alguien necesite exactamente aquello que sabes hacer, tu nombre tenga una razón para aparecer.
Eso es muy diferente a buscar seguidores.
Es construir un activo.
Y cada vez estoy más convencido de que, para los profesionales con experiencia, la reputación será uno de los activos más valiosos de los próximos años.
Próximamente tendremos nuestras primeras sesiones presenciales en Mérida y CDMX.
Si esto te hizo pensar que quizá llevas años construyendo experiencia, pero muy poco tiempo construyendo reputación, mándame un DM y te anoto en la lista de espera.
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Mario
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