Siempre me ha parecido curioso cómo el ego se disfraza de sabiduría popular.
Inventamos frases que suenan profundas, casi filosóficas, pero que en el fondo solo justifican nuestra comodidad. Una de mis favoritas es esa que muchos repiten con orgullo: “Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león.”
Suena fuerte. Independiente. Hasta valiente.
Pero si la de…




